
11:15 de la mañana. Pequeños rayos de sol atraviesan la persiana iluminando mi habitación , dándole una gran sensación de paz. Con los ojos achinados y legañosos, bostezo y me estiro en la cama con tantas ganas que mi cuerpo me lo agradece. Y entonces la veo a ella, semidesnuda bajo las sábanas, aun dormida y despeinada. Y empiezo a recordar con sonrisa de travieso, la noche salvaje que tuvimos anoche. Preguntándome, mientras la miro cariñosamente al estar dormida, como la puedo querer tanto. Volviendo al mundo real, me dirijo a la concina, para prepararle un desayuno en la cama y despertarla con un beso para que se sienta en el paraíso. Porque al hacerla feliz a ella, yo soy feliz. La quiero con locura.
No hay comentarios:
Publicar un comentario