Despues de ese te quiero que hizo que te quedaras mudo, mis pies quisieron salir corriendo. Pasaron 10 minutos sin ninguna palabra que se la pudiera llevar el viento, tu boca medio abierta con la mirada perdida y los ojos como platos. Ese silencio iba comprimiendo mi alma poco a poco, con cada tictac del reloj. Parpadeé unas cuantas de veces sin quitarle la vista de encima, esperando una respuesta.
Me levanté del suelo para dejar de presionarle, pues pensé que la tensión la privocaron mis estúpidas palabras.
Antes de cruzar la esquina de quella callejuela, alguien agarró mi mano con delicadeza pero a la vez hizo que me diera la vuelta bruscamente sin poder identificar al la persona y encontrandome con un beso inesperado. Me dí cuenta de que sí, era él... él era el que me estaba besando en ese momento. Creo que su forma de decirme te quiero era más convincente que la mia. En ese momento me dí cuenta de que las palabras no significan nada, son los hechos.
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