miércoles, 2 de febrero de 2011

El silencio ensordecedor.



















Esa persona capaz de hacer que el silencio sea cómodo,
mientras dejan que sus miradas hablen por sí solas y sus manos se entrelacen inconscientemente sin apartar la vista el uno del otro. Unas sonrisas se escapan de sus labios. Ruth soltó una pequeña carcajada bajando la cabeza y Carlos sin querer dejar de ver sus preciosos ojos verdes le cogió suavemente la barbilla para hacer que sus miradas volvieran a conversar.
El frío hizo que Ruth se acurrucase en el pecho de Carlos, y pudo escuchar como su corazón se aceleraba cada vez que ella le apretaba cuando venia un pequeño viento. Él la rodeó con sus brazos, convirtiéndolo en un cálido abrazo. El frío dejó de ser un problema, el silencio era ensordecedor y sus miradas dejaron de estudiar. Ruth, mientras se acomodaba en el pecho de Carlos, repasaba con el dedo índice las letras de su sudadera, Carlos la contemplaba por encima de su cabeza olvidando todos sus problemas y deseando que ese momento no acabara nunca.

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