domingo, 30 de enero de 2011

Flasback

Tras levantarme sobresaltado de la cama un sábado a las siete de la mañana, me apoderé del último cigarro que me quedaba en la mesilla de noche. Estaba cansado pero no tenía sueño. Contemplé la ciudad tras mi ventana desde un décimo piso, viendo el atardecer con una taza de café en la mano derecha y en la otra el cigarro que se iba consumiendo poco a poco por cada calada que daba. Pero incluso en ese momento y a esas horas de la mañana las lágrimas que arropaban mi pupila me impedían ver lo más bello y los recuerdos invadían mi mente en pequeños flasback. Su cara aparecía cada vez que tenía la necesidad de pestañear y el humo de mi cigarro pretendía decirme algo. Empecé a delirar. Me termine el café de un sorbo,aún ardiendo y lo dejé en la mesilla. Dí la última calada al cigarro con tanta ímpetu que pude quemarme los dedos, corrí la ventana y tire la colilla con desprecio. Ya eran las ocho de la mañana y volví de nuevo a la cama, intentando desconectar lo más tiempo posible de esta mierda de vida.

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