Mientras me dedicaba a arrancar el césped verde del suelo, sus brazos rodearon mi cuerpo dejándome sin escapatoria, pero eso no me resultaba ningún problema pues la delicadeza con la que me abrazaba me daba seguridad y paz.Una sonrisa asomó por sus labios acercándose lentamente a los mios, llegando a rozarse.
Pequeños rayos de sol atravesaban la copa del árbol en el que nos encontrábamos sentados y mientras me besaba, sus manos subían por mi espalda acariciándola suavemente, parando definitivamente en mi nuca con el dedo pulgar delante de mi oreja, como si me intentara sujetar la cabeza.
En ese momento dejó de besarme y se hechó hacia atrás, lo suficiente para poder mirarme fijamente a los ojos, con un silencio de por medio que me hacia comprender que me deseaba.
Unos de los rayos de sol iluminaron su mirada convirtiéndola más dulce y sorprendetemente atrayente, incluso se podía apreciar cada tono de color que se encontraba en sus ojos.
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