
Pero se fue, y no supe más de él. Sé fue con todas sus promesas dejándolas atrás.
Esa bala me reemplazó en menos de un segundo, atravesando su corazón y llevándose dos vidas a la vez.

No es ira, ni rabia, tampoco es dolor. Puede decirse que es impotencia, impotencia de no ser lo que los demás quieren que sea. Es un vacío que se siente tras dar demasiadas vueltas en la cama pensando e imaginándose cosas que pueden llegar a pasar.Ella me agarró la mano todo el camino y me dijo lo que nunca oí antes. Me susurró todos mis sueños al oido y sació mis deseos, mis recuerdos, mi sed. Pero todo se acabó y el amor se le curó rápido. El aire que había entrado en mis pulmones se negaba a salir, y yo me ahogaba mientras me decía adiós. Ella cerró mis alas, que con tanto cuidado cosió en su momento. Y es que el amor es la patología más extraña del corazón, con sus latidos desbocados las mariposas de mi estómago hacían "tic, tac", furiosas por escapar. Pero es que yo se que no tiene cura, ni el tiempo ni el espacio tienen posibilidad. El amor es fugaz, tal como viene se va. No intentes escapar. Es caprichoso y egoísta, sino quiere no te dejará en paz.
Pero mi corazón siempre fue frágil. El más débil a ser capaz.
Por eso se rompió por dentro, y el frío ahora es mi otra mitad.
Hay palabras que nunca deberían ser dichas Isabelle, otras que nacieron para matar.
"Te quiero".
Sí, esas fueron las últimas.. Las más amargas.