domingo, 18 de julio de 2010

El susurro.


Tú y yo tumbados en la hierba recien cortada, a oscuras, sin saber que pasaba a nuestro alrededor , dejando pasar las horas, jugueteando como si tubieramos tres años, mirándonos fijamente el uno del otro, con esa mirada penetrante que sentía la necesidad de besarte y ese abrazo tan ansioso que me decía que era tuya y que nunca en la vida me dejarías marchar, yo también lo hice, te di tal abrazo que quería que comprendieras lo mismo y más.
De repente me cogistes la mano y empezates a besarla sin quitar la mirada en mis ojos, subistes por el brazos, el hombro, el cuello,la mejilla, te acercastes a mi oído y me susurastes un te amo, la única frase que deseaba escuchar en ese momento, y llegastes a mi boca.
Poco a poco fui notando el calor que desprendía tu cuerpo, notaba tu mirada fija en mí, notaba tus labios rozando los mios, sentí la necesidad de besarte. Fue un beso profundo y lento, impetuoso y delicado, tierno y apasionado, mil veces distinto. Perfecto en todas sus facetas. Notaba al mismo tiempo como tus manos iban recorriendo mi cuerpo, como me apretabas cada vez más hacia a tí. Te besé apasionadamente como nunca lo hicé, nos fundimos los dos en uno solo. Me aparte el pelo con una mano y te lanzastes al mi cuello como si estubieses hambriento, jadeé de placer y sentí un fuerte escalofrío que me recorrió entera.
La lujuría se apoderó de nuestros cuerpos, tú eras el culpable de mi locura.

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